El Premio Nobel al alcance de la mano

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Tenía que pasar. Estando en una universidad que cumple 100 años de historia el año que viene, por la que han pasado 14 Premios Nobel, tenía que pasar lo que me pasó a mí el otro día.

Iba yo tan tranquilo por mi departamento cuando pasó algo realmente extraño, Sylvain, mi compañero de clase francés, me convenció para que bajáramos varias plantas POR LAS ESCALERAS. Cualquiera que me conozca sabe mi máxima: “los ingenieros SIEMPRE usan el ascensor”, pero no sé cómo, aquella vez incumplí mi propia norma.

De repente pasé por el extremo de la sexta planta (y veníamos de la novena, SÍ, BAJÉ TRES PLANTAS ENTERAS) y vi algo de reojo. Ambos pasamos de largo y seguíamos hablando como si nada, hasta que mi cerebro me dijo: “quieto parao”. Me di media vuelta y me dije a mí mismo: “no puede ser, esto NO PUEDE SER”. Pero sí que era:

En efecto, tuve el Premio Nobel de Física al alcance de mi mano. Apenas 10 centímetros de cristal y aire me separaban de él (bueno, era una rueda giratoria, así que la distancia iba variando según el periodo T = 8 segundos).

Aquí tenéis la parte de detrás de un Premio Nobel AUTÉNTICO. En concreto el otorgado a Denis Gabor (junto con casi una docena de otras medallas y títulos y tal que había en la rueda).

La experiencia aunque ajena, fue muy bonita y me sentí muy especial (qué tontería). Pero el hecho de poder estar TAN cerca de algo que tiene tan poca y brillante gente fue algo increíble. Me parece algo muy positivo que se exponga en mi Departamento para que los alumnos se motiven. Aunque jamás conseguiré uno, me motivó mucho y desde entonces he trabajado muy duro.

Para terminar no puedo dejar de poner fotos sobre cosas curiosas que me voy encontrando por Londres (hay muchísimas en los aeropuertos, pero los tíos con metralletas me miraban con cara rara, así que no osé sacar la cámara).

Aquí tenéis al perro más digno y rosa que he visto jamás. Estaba dentro de un escaparate de lencería fina (y tela de cara). Uno de los temas de los que hablé con mi padre mientras esperábamos a que salieran mi hermana y mi madre de una tienda de ropa en Oxford Street fue la cantidad de beneficios que saca una compañía por el mero hecho de tener una marca famosa o de renombre. Todo esto vino a colación ya que estábamos esperándolas en la puerta de una óptica en pleno Oxford Street (la calle Sierpes de Londres). Le pregunté a mi padre cuál sería la cantidad necesaria de gafas de sol que tenían que vender en esa tienda para poder pagar el alquiler y los salarios (tenían como a 12 dependientes) cada mes y él me dijo “y a qué precio las pondrán para que salga rentable…”. Y es que lo de las marcas es la mayor estafa que hay. Es como decir “sé que me estás timando, pero soy feliz, toma mi dinero”.

Comentarios


No, osea no, no puedes poner fotos de un premio nobel y luego pasar directamente a una foto de un caniche rosa… así sin avisar ni preparar al personal. mi cerebro aun está conmocionado (para no hablar del shock que han sufrido mis retinas al contemplar ese fucsia-rosa-chicle)


Jejeje, bienvenido al mundo de Sprocket donde todo puede pasar xDDDD


Coño! Como en Lost! :D


¡¡¡Enferma!!!XD


la caña de perrito!


Estoy intrigasimo por saber cuanto debía pagar el dueño de la tienda de gafas por el alquiler en aquel sitio tan previlegiado, O_O

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