El quinto sentido

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Esta mañana me he despertado a la hora que he querido, sin despertador por una vez en la vida. Ésta es una de las ventajas de terminar los exámenes (aunque mañana tengo uno de inglés en Madrid).

Como ahora tengo tiempo, puedo tener momentos filosóficos nada más despertarme. Así que me ha venido a la mente una de esas reflexiones: he pensado en el más fantástico e increíble de los cinco sentidos: el tacto.

Todo el mundo suele pensar en la vista como el más importante de los sentidos y es cierto que es muy importante, pero no hay nada de especial en que ondas electromagnéticas como la luz solar se reflecten y refracten en las superficies y lleguen a nuestros ojos que las recogen y procesan formando la imagen. Literalmente estamos “viendo las ondas electromagnéticas”.

Algo muy parecido pasa con el oído. Esta vez son ondas acústicas que son amplificadas y que literalmente “oímos”. No hay nada de especial; las incorporamos a nosotros, las procesamos, pero tal como son.

El gusto y el olfato son hermanos gemelos y van unidos el uno con el otro. No tiene nada de especial que grandes moléculas en forma gaseosa o disueltas en saliva produzcan distintas reacciones químicas en nuestro cuerpo que literalmente “las huele y gusta tal como son”.

Y por fin llegamos al tacto. Siguiendo la línea argumentativa anterior, podríamos pensar que simplemente “sentimos la materia tal y como es”, pero eso no es cierto. Cuando tocamos algo “liso”, nos da la sensación de que es continuo, cuando en realidad no lo es. Es increíble cómo podemos “tocar” algo si tenemos en cuenta que la materia está formada por átomos y que dichos átomos están separados unos de otros por una distancia enorme. Es más, los electrones están separados del núcleo de forma parecida a un balón de fútbol (núcleo) y una nuez (electrón) separados un campo de fútbol entero.

Entre átomo y átomo sólo hay vacío. Todo es mentira. Nada es liso, afilado, duro o rugoso. Cuando creemos que tocamos algo, en realidad los átomos que forman nuestros dedos se acercan al objeto, pero jamás llegan a tocarlo. Según la resistencia que hagan los átomos de mis dedos al intentar tocar el objeto en cuestión, así sentiremos si es áspero, liso o afilado. Por eso de las 4 fuerzas de la naturaleza, las más poderosas son la fuerza atómica fuerte y la fuerza atómica débil. Experimento: intenta que los átomos de tu cabeza toquen literalmente un muro de hormigón. Experimentarás la fuerza atómica débil en toda su magnitud.

Bueno, dejo de rayaros, pero este pensamiento lleva muchos años rondándome la cabeza y necesitaba escribirlo alguna vez.

Comentarios


Acaso el aire no está formado de átomos… y la comida… ¿por qué te maravilla sólo el tacto?

Es cierto que es algo que muchos jamás nos habíamos planteado y que da que pensar un buen rato, pero esto me ha recordado una vieja cuestión: ¿qué hay de ese sexto sentido, ese que proporciona la mente, como funciona, qué hace que me sienta o no atraido por una persona, que me sea afín o antipática nada más verla?

Y por último, el que notemos como lisa una cosa que no lo es, confirmaría que nuestros sentidos nos engañan, que la realidad que vemos, oimos, tocamos, saboreamos, y olemos no es tal… ¡qué matrix tan perfecto no!


me ha encantao este post!! Creo que el tacto es de los grandes olvidados. aunque tb creo que los demás no se quedan tan atrás… en realidad no vemos todo tal cual es, ni lo que olemos,saboreamos, u oímos… como dice un sabio proverbio chino: dos tercios de lo que vemos está detrás de los ojos…

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