Sprocket presenta: "1856"

Imagen de sprocket

1856, un juego que dura 6 horas como poco

Seguimos presentando juegos de mi colección. Esta vez le toca el turno a 1856, que es uno de los más difíciles dentro de la serie 18xx.

Los juegos 18xx son una serie de juegos de simulación financiera de los 70’s creadas por el inglés Francis Tresham, en los que los jugadores son empresarios que invierten dinero en crear compañías de ferrocarril.

Todos los juegos de la serie siguen el mismo sistema de juego inventado por Francis Tresham, pero cada juego tiene ciertas variaciones en las reglas que los hacen únicos. Estos juegos son objeto de culto y son casi imposibles de conseguir. Hay un par de empresas que los venden bajo demanda, pero la lista de espera es de un año, lo cual le quita las ganas a muchos… Como son tan escasos el mercado de segunda mano está muy vacío y las únicas ofertas serán muy elevadas, llegando a haber gente dispuesta a pagar 200 o 300 euros por una copia de 1830, que es uno de los juegos más básicos de la serie (y tiene casi 40 años de antigüedad).

Por poner un ejemplo, mi copia de 1856 fue la última que quedaba en España y en Europa sólo queda otra en Italia. Este juego tiene 15 años de antigüedad y sólo se imprimió una única tirada, como suele ser habitual en los 18xx.

¡Pero pongámonos manos a la obra!

En 1856 necesitas una mesa grande

Lo primero que el entendido te va a decir es que cualquier partida de 18xx dura como mínimo 4 horas. Es decir, si todos los jugadores son expertos jugadores de 18xx, la partida durará 4 horas como poco. En nuestro caso, nuestra primera partida de 1856 duró 8 horas y fue fantástica aunque perdí miserablemente. Además, después de tanto tiempo, aún tenía la mente fresquita, no como otros juegos que te queman el cerebro cosa mala.

Lo segundo que te dirán los expertos es que necesitas una mesa grande para poder desplegar todos los componentes del juego. ¿Qué te viene en la caja? Pues vienen dos tableros de juego, uno de ellos es el mapa, que no es muy grande comparado con cualquier otro juego de mesa, y el tablero del Mercado de Valores (la Bolsa). También vendrán las acciones de las empresas públicas, las empresas privadas, los trenes, los hexágonos del trazado ferrovial, dinero, marcadores variados de estaciones, de préstamo, de puertos, de túneles, de puentes, los chárteres, que son unas cartulinas con el nombre de cada empresa pública donde tienen la Caja o Tesorería, los trenes, los préstamos, el destino y origen y demás datos de cada empresa y algunas cositas más que no mencionaré por falta de tiempo.

Y por supuesto te vienen no uno, sino dos libros de reglas. Uno pequeñito para una partida sosa de principiante, y el bueno bueno, con 32 páginas de reglas que están muy bien explicadas y se leen en un rato (largo, pero rato).

Mapa final de la partida de 1856

Obviamente no voy a explicar aquí las 32 páginas de reglas, por lo que diré que el juego consiste en crear empresas públicas, comprar algunas privadas, vender las privadas a las públicas para sacar tajada (típico), comprar trenes, construir vías de tren por todo Canadá, operar los trenes por todo el trazado posible sacando pasta por cada vez, pagar dividendos a los accionistas de las empresas o bien retener todos los beneficios para reinvertir en la propia empresa, comprar más empresas y vender entre ellas los trenes. También se puede putear muchísimo a los accionistas, por ejemplo, tenemos empresas A y B en las que somos presidente (accionista mayoritario) en ambas. Digamos que compro con la empresa B un tren guarro tipo 3 de la empresa A que va a ser inútil en la próxima fase. Como soy el presidente en ambas empresas, acuerdo que el precio por dicho tren obsoleto va a ser TODO el dinero que tiene la empresa B. Al final de la transacción, la empresa A queda con una montaña de dinero de B con el que puede comprar un tren más moderno o simplemente pagar dividendos para sacar dinero para su bolsillo personal (ésta es la forma de sacar dinero de la empresa de forma legal) y B queda con un tren que va a quedar obsoleto y sin un duro. En la siguiente fase de la Bolsa, vendo todas mis acciones de la empresa B al banco, por lo que los accionistas que han invertido en B, heredan la presidencia. Al vender dichas acciones, el valor de B en la Bolsa cae en picado dejando a B en la ruina o en una situación financiera más que dudosa. En nuestra primera partida, esto sólo pasó dos veces. Alan compró muchas acciones de LPS, robándole la presidencia a Julian. Trapicheó con los trenes, comprando los trenes último modelo de LPS para su propia empresa GW por 1 dólar cada tren. Luego vendió todas las acciones de LPS, haciéndola quebrar. Os podéis imaginar lo bien que le sentó a Julian esto. El juego tiene mecanismos para evitar hacer esto, pero hay que estar muy atento al valor de las acciones en la Bolsa y si te descuidas te la pueden meter doblada como en el caso de Alan y Julian.

Amiguetes jugando 1856

El juego es una experiencia alucinante. Te sientes totalmente inmerso en él y da la sensación de ser un importante inversor capitalista. Muchas veces da un poco de pena crear una empresa de cero, hacerla crecer, ganar dinero para luego tener que sacrificarla por una empresa más nueva, pero sin deudas, que te saldrá mucho más rentable de manejar. Duro y crudo como la vida misma…

El juego acaba cuando el banco se queda sin pasta o cuando cualquier jugador se arruina (ojo, no que una de sus empresas quiebre, sino que el jugador se quede sin empresas viables y sin pasta en los bolsillos).

El juego va por fases. Dichas fases se gobiernan por el tipo de tren que esté disponible en el mercado. Los trenes se compran por orden numérico. Se empiezan con tipo 2 (es decir, que pueden ir de una ciudad a otra sin parar por medio). Se siguen con tipo 3 (origen, parada intermedia y destino). Y así sucesivamente hasta llegar a los tipo diesel, que pueden hacer una ruta todo lo larga que se quiera sin pasar dos veces por las mismas vías.

Tantos cálculos en los pagos de dividendos, en la ruta más larga y beneficiosa, etc. hace indispensable usar un moderador, por lo que los juegos 18xx tienen ahora un software libre llamado rails (rails.sourceforge.net) que te ayuda en todo esto. De hecho en teoría se puede jugar simplemente usando este programa, ya que trae los mapas, tableros y todo lo necesario, aunque pierde un poco la gracia, ya que no tiene inteligencia artificial, y habría que sentarse todos delante del ordenador sin tener todos los componentes delante, pero vamos, es posible.

En nuestra partida, tardamos 8 horas en jugar y acabó porque me hicieron una putada y me arruiné, pero no me arrepiento en absoluto y ya hemos quedado para jugar en un par de findes. Esperamos bajar a 6 horas de juego esta vez.

En 1856 hay algo muy especial que se llama la CGR (Canadian Government Railways), que es la variante especial que la distingue del resto de 18xx. Digamos que hasta que la CGR se formó, yo iba de los primeros, pero por un problema de tempo, me pillaron en bragas y me arruiné de la noche a la mañana.

Este sistema de juego me ha cautivado y puede que sea mi juego favorito de todos los tiempos (a excepción del Go).

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