Marrón, gris y verde

Imagen de sprocket

Éste ha sido uno de los viajes menos accidentados de los que he tenido. Ha transcurrido todo casi como en un sueño, no por lo bonito, sino por el estado de amamonamiento en el que estaba. Pero toda historia tiene un principio…

Salimos todos hasta la esquina de la farmacia con:

  • 1 maleta de tamaño entre grande y muy grande pesando 25 kgs
  • 1 mochila de 70 litros llena “hasta las trancas pero con cariño”
  • 1 mochila Coronel Tappioca a estrenar que pesaba dos dígitos (en kg.)
  • 1 portátil con complementos
  • 1 cartera de piel llenérrima de apuntes de teleco y demás documentos (tiene doble cierre, pero como va tan petada se va abriendo sola de vez en cuando)
  • 1 mariconera con toda mi documentación, miles de objetos geek y petadísima

Dejamos pasar taxis hasta la saciedad. Miles y miles de taxis nos hacen señas de parar (los muy cabrones frotándose las manos y babeando). —Inciso— ¿Por qué el 90% de los taxis de Sevilla son Seat?

Vemos un taxi tamaño monovolumen de los grandes, pero curiosamente adelantando a una MEGA BRUTO EXCAVADORA justo a nuestra altura. Todos los miembros de mi familia se lamentan de la mala suerte, pero ¿milagrosamente? el taxista, frotándose las manos y relamiéndose, da marcha atrás unos 100 metros y nos lleva hasta el aeropuerto.

Como nos ve cara de pardos nos quiere llevar al aeropuerto por la ruta más larga y con más tráfico, así que amablemente le decimos que por qué no coge la ruta corta y sin tráfico. El tío apaga el taxímetro y pone el modo rally para poder hacer más carreras pronto.

Llegamos al aeropuertos milagrosamente a salvo y ahora llega mi preocupación nº1: el límite de peso es de 23 kilos y sólo la primera maleta pesa 25 kilos…

Haciendo uso de la Sonrisa Sprocket TM intento encandilar a la azafata de tierra y desviar su atención de los 40 kilos de maletas (más los 15 kilos de equipaje de mano). Sorprendentemente no sólo no me cobra sobrepeso, sino que me da asiento en pasillo tal y como le pedía. Como diría Marietti: “espréndido”.

Después de despedirme de mi familia me dirijo al control de metales. Pongo en la bandejita mi reloj y empiezo a meter bulto tras bulto por el detector de rayos X (metí 5 bultos). Cuando paso por el arco, lo más metálico que llevo son los botones de los pantalones vaqueros. Para mi gran placer y deleite, el arco está puesto ultrasensible y le pita A TODO el que pasa por él, pero ¡¡¡A MÍ NO!!! La cara de decepción del picoleto y la picoleta ambos con detector portátil en mano es evidente (los detectores de mano eran nuevecitos, los estarían estrenando y querrían juguetear a costa de los pobres viajeros).

Llego al control de pasaportes y ¡OH SORPRESA! TODO el mundo ya estaba dentro de la sala, pero como no había nadie en la garita de control, los han echado a todos de la sala para pedirles los pasaportes. Como yo llegué de los últimos, soy de los primeros en pasar y nada más entrar una azafata me dice que pase ya, que acaban de abrir el vuelo (como la seda, oigan).

Llego y pongo todos mis bultos en los compartimentos de a bordo (¡¡soy el primero!!). Me siento y espero a que entre la gente. Pseudorrezo para que no me toque compañero de asiento. Ante mí pasa toooodo el pasaje y TENGO la suerte de que no me toque nadie al lado (el vuelo iba casi al completo y yo estaba en todo el centro). Espréndido.

Tenía planeado ir a mear antes de aterrizar, porque en el aeropuerto no podría por la cantidad insana de bultos que llevaría conmigo, pero me quedo sopa después de terminarme El Jueves.

Llego a Gatwick y me recorro unos mil kilómetros hasta llegar a recoger el equipaje (que llevaba ya horas dando vueltas en la cinta transportadora). Cojo un carrito para ir más cómodo y cojo el único de TODO Gatwick que gira siempre a izquierdas (BRUTAL). Era imposible avanzar recto con ese carrito, pero ya no hay más carritos a la vista. Cuando llevo un doloroso trayecto, veo una fila de carritos y lo cambio por otro. OH, ORGASMO, el carrito funciona perfecto y ahora voy como mil veces más rápido que antes. Llego hasta un monorraíl que me lleva hasta la terminal Sur, que es donde están los trenes para Londres. El monorraíl es mu cuco, pero el carro se te va a tomar por culo (¡gracias, inercia!). Saco el ticket del Gatwick Express y lo pillo casi por la punta de los pelillos (la del carrito de las chucherías del Hogwarts Express es la que me abre la puerta que se cerraba para no volverse a abrir). Pese a que hay unos asientos ULTRA mullidos y comodérrimos, tengo que permanecer de pie, CON LA MOCHILA GIGANTE puesta y rodeado de bultos delante de la puerta del vagón (gracias por llevar tanto equipaje). El viaje dura media horaza y me deleito viendo el precioso paisaje inglés todo gris, marrón y verde. Todas las casas con esos colores marrones, esos jardines que parecen que están muy verdes pero que están sucios y el cielo totalmente gris oscuro.

Llego a London Victoria Station y me encamino hacia la parada de taxis. Hay toda una señora fila de los típicos taxis londinenses, pero el primero de la fila es uno modelo guarrón que no es como los típicos. Me hago el loco hasta que un hombre mayor lo coge y me meto en uno tradicional. El taxista se queda de piedra pómez al ver los millones de bultos y lo único que hace es abrir la puerta de forma automática del taxi (el coche tradicional no tiene maletero, pero tiene una cabina de pasajero que te cagas de grande). Empiezo a meter bultos y más bultos y el taxista con la boca abierta. Por cierto, el taxista tendría unos 70 años o más, en serio, era MUY pero que muy mayor. Me dice por el interfono que a dónde. Le digo que a Chelsea. Él obviamente quiere acotar más, así que le digo mi dirección completa. Al tío se le queda cara de palo al oír el nombre de mi calle. Así que le doy mi PDA por una ventanita que él abre y lee la dirección ahí escrita. El tío sigue con la cara de palo repitiendo en voz alta la dirección una y otra vez (la dice como unas veinte veces). Se pone a mirar un mapa de Londres, y yo le enseño un mapa muy bonito con colorines en mi PDA. Él me dice que ya lo ha procesado y que no me preocupe. Enciende el taxímetro y me relajo viendo las calles de Londres desde un taxi para ricos. En estos taxis, cada paso son 50 pesetas, así que recordad cómo de rápido pasan los pasos de los taxis de España y luego multiplicad por 50 pesetas, sí es una pasta.

Después de dar vueltas y vueltas por todas y cada una de las calles de Chelsea, veo mi calle y le digo al taxista que está allí. Él me dice que para allí iba precisamente (how convenient) y se para en la puerta. Abre la otra puerta y saca mi mochilona y la deja toda tirada en medio de la calle. El resto de equipaje lo saco yo, porque él se sienta en su asiento a esperar tranquilamente.

Mientras me coloco todos los bultos sobre mi cuerpo, los vecinos empiezan a echar vistazos por entre las cortinas para ver quién coño soy. De hecho uno de ellos sale a la puerta y me pregunta si vivo allí. Le digo que sí y me mira con cara de ¿en serio? Le digo que voy a la casa E, que mi casero (digo su nombre completo) me está esperando. El tío se echa un poco para atrás para dejarme que llame al portero. El casero me dice que enseguida baja. Se hace el silencio y el tío entra en su casa y vuelve al pasillo con el teléfono inalámbrico y empieza a llamar a alguien. Pienso ¡mierda, la hemos cagado, va a llamar a la Policía! ¡Pero si yo vivo aquí!

Pasa el tiempo (como unas mil horas que en verdad serían dos minutos) y el vecino, al ver mi cara de pena suprema, me dice que pase, que no hay problema. Llega mi casero y me ayuda con el equipaje.

Ahora viene lo típico que suele pasar en estos casos, me enseña la casa y demás. De repente me doy cuenta de que la alarma de gases tiene el cajoncito con la pila abierta así que lo cierro. ¡CRASO ERROR! Ahora cada minuto suena un pitidito. Entre mi casero y yo intentamos durante media hora abrir la maldita alarma pero está durísimo el cajoncito (AAAARGH). Mi boli BIC negro muere instantáneamente al intentar abrir el cajoncito. Decido usar un tenedor de los gordos gordos de la cocina y ¡funciona! Aún así, mi casero decide vengarse por las molestias y le hace una especie de harakiri a los circuitos de por dentro.

Decido ir al supermercado para poder cenar algo y sobre todo para poder desayunar mañana algo. Los supermercados en Inglaterra son distintos a los españoles. Pero distintos por completo. Al que voy la comida y los productos no están en expositores formando pasillos, sino que forman pequeñas “plazas redondas” muy cucas pero que gastan espacio a porrillo. Además hay muchas de estas placitas dedicadas a comida precocinada lista para microondas u horno. De hecho la mitad entera del supermercado es así. La otra mitad es más como un supermercado español, pero con cosas para gordos. Lo más sano que he encontrado en el supermercado fue una botella de agua mineral, porque el resto…

Descubro que en UK no sólo existe el queso Cheddar, como yo pensaba, sino que existen 120 variedades de queso Cheddar. Todas iguales pero variando los matices de color entre naranja y amarillo blanquecino y el grado de sal, grado de madurez incluso la procedencia. Vamos que sólo tienen Cheddar, pero se gastan una pasta en marketing. ¿Queso Cheddar orgánico? ¿Y los demás no lo son?

Bueno, voy a cortar por hoy, que estoy reventado. Mañana tengo un día muy largo por delante en el que hacer mucho papeleo, así que seguiré a partir de aquí.

Comentarios


JIJI! Con todo lujo de detalles, señorees!

Pos si tú llevabas la zupermaleta esa, no me quiero ni imaginar que fuera yo en tú lugar. Tendría que pedir un taxi sólo pal equipaje xD

Espero que estés bien, y nos cuentes más cosillas :)


Por cierto, ya me vale poner bien las tildes U_U


Vaya crónica xD Me alegro de que la transición geográfica haya ido bien. A ver si nos deleitas con muchas “anerdotas”.

P.D: Por cierto, el otro 10% son Skoda


Totalmente cierto. Así se reía mi padre cuando le dije que esperaríamos hasta encontrar un taxi Mercedes.

Por lo de las anécdotas no te preocupes, que seguro que hay muchas.


Solo puedo decir… “esprendido”

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